Verano en Lima: un recorrido por sus playas

En el verano, los limeños —no todos, pero si muchos— le dan la contra a la brújula que, como es sabido, apunta siempre hacia el norte magnético. Y es que cuando calienta el sol en la capital peruana, miles, cientos de miles de sus ciudadanos, “escapan” por la carretera Panamericana hacia los balnearios del sur, para “desparramarse” plácidamente en la arena antes o después de un baño memorable en las aguas del Pacífico.
Romper la rutina. Salir de la metrópoli. Encontrarse con el mar. Disfrutar del sol, ese sol esquivo, ese sol ausente, ese sol que se hace extrañar gran parte del año. Lima es gris y nebulosa en otoño, en invierno y hasta lo es un poquito en la primavera, tanto así que el escritor y humorista Héctor Velarde se atrevería a decir que su cielo tiene el color de la panza de los burros.
La frase es precisa, excepto de diciembre a marzo, meses en los que el cielo se despeja e ilumina, entonces, la temperatura aumenta y el calor sofoca, convirtiendo a las orillas costeras en una auténtica e irresistible tentación. Total, una de las ventajas de la “Ciudad de los Reyes” es su cercanía al mar. Se sabe que ese fue uno de los motivos de su fundación española el 18 de enero de 1535.

Foto: Agencia Peruana de Noticias Andina
Y no es que el conquistador Francisco Pizarro quisiera veranear y pasarla de lo lindo en las aguas un tantito frías de la bahía de Lima. Quizás alguna vez lo hizo. Eso no lo sé. Lo que si sé es que su decisión si estuvo influenciada por el Pacífico, como lo demuestra el hecho de que el Callao —la ciudad vecina de la capital— se convertiría en el principal puerto del virreinato del Perú y de toda Sudamérica.
Vistas así a las cosas, no es una exageración afirmar que Lima es la capital del Perú por obra y gracia del mar. Ese mar que se ve espectacular desde los acantilados de San Isidro, Miraflores, Barranco y Chorrillos. Ese mar que se goza en la Costa Verde, el circuito de playas que está cerquita del Centro Histórico. Ese mar que a muchos veraneantes los lleva hacia el sur, contradiciendo abiertamente a la brújula.
El mar está muy cerca

Foto: Agencia Peruana de Noticias Andina
Lo siento, señor Francisco Pizarro, otra vez voy a mencionarlo. Lo hago por rigor histórico y para evitar confusiones. No se vaya a creer que cuando usted llegó a la bahía de Lima, vio un montón de playas con apariencia caribeña. Todo lo contrario. Imagino su sorpresa al percatarse de que el Pacífico no tenía orillas o estas eran muy reducidas por obra y gracias de una cortina de enormes acantilados.
Estos ásperos gigantes costeros alcanzan hasta los 100 m de altura y, por su falta de pendientes y vegetación, son casi inexpugnables. Su existencia dificultaba el aprovechamiento pleno de la bahía. La situación cambiaría en 1970 con la inauguración de la Costa Verde, un proyecto urbanístico que permitió ganarle terreno a los acantilados para crear un rosario playero y una vía asfaltada.
Con el paso del tiempo el circuito fue creciendo, modificándose y convirtiéndose en un espacio público en el que se realizan distintas actividades. No todos son chapuzones y siestas en la orilla. También se dictan clases de surfing, se pedalea y se corre sintiendo la brisa marina. Y, bueno, como la «Ciudad de los Reyes» es famosa por su gastronomía, en sus playas hay más de un restaurante.

Foto: Agencia Peruanas de Noticias Andina
Y si bien la Costa Verde es atractiva todo el año, en el verano se llena de color y movimiento. Una recomendación: si no te gustan las multitudes, ni se te ocurra visitar Agua Dulce, la playa más concurrida de la ciudad; pero, si quieres vivir y sentir el palpitar de la Lima popular y multicultural, visítala un domingo de sol ardiente. Estoy seguro de que te quedarás boquiabierto.
Advertido estás. Ahora bien, si prefieres un poquito de tranquilidad, evita “bajar” al Pacífico limeño los fines de semana. De lunes a viernes el flujo de bañistas disminuye de manera considerable. Si tienes auto o alquilas un vehículo, es una buena idea recorrer toda la Costa Verde que, en la actualidad, se inicia en La Punta, en la provincia del Callao, y termina en Chorrillos. En su recorrido pasa por los distritos de San Miguel, Magdalena, San Isidro y Miraflores.
Al norte o al sur

Foto: Olas Perú
Antes de explicarte la abierta contradicción a la brújula que mencioné al principio, déjame decirte que entre las playas de la Costa Verde resaltan La Herradura en Chorrillos —ideal para correr olas y, luego, picar alguito en sus restaurantes—, Los Yuyos en Barranco —diviértete en sus aguas mansas—, Waikiki, Redondo y Makaha en Miraflores —muy accesibles y te encantarán si te gusta surfear—.
Adiós a la Costa Verde porque hay más océano y orillas por descubrir. Es momento de partir hacia los distritos-balnearios en las afueras de la metrópoli. Estos se encuentran al norte y al sur, siendo accesibles por la carretera Panamericana. Además, las rutas veraniegas se extienden a varios destinos de sol y arena de las provincias de la región Lima.
Te explico este punto o al menos trataré de hacerlo para evitar confusiones. Lima es la capital del Perú y una metrópoli con 43 distritos; pero, al mismo tiempo, es una región o departamento que tiene nueve provincias. Dos de ellas, Cañete, al sur, y Huaral, al norte, son costeras y limitan con la urbe, entonces, muchos veraneantes “cruzan” los límites provinciales en busca de esos espacios costeros.

Admito que es un auténtico enredo. No es mi culpa. Yo no hice la división política del Perú. Basta. Mejor retorno a lo estrictamente veraniego. Es fin de semana. ¿Hacia dónde ir? ¿Al norte o al sur? La elección, al menos para los limeños es clara: el sur, mayoritariamente al sur. “Las playas son más bacanes”, “la olas son chéveres” y “hay harta diversión”, son los principales argumentos.
Cuestión de gustos porque el norte también tiene lo suyo. Si te animas a seguir la brújula visita Ancón que, a finales del siglo XIX e inicios del XX fue el balneario más exclusivo del país. Hoy, parte de ese pasado brillante, se mantiene en pie. Otras opciones son: Chacra y Mar, Puerto Chancay y Chorrillo, en la provincia de Huaral (a 75 km de Lima, aproximadamente, por la Panamericana Norte).
Asia está en Lima

Foto: Grupo Taurus
Verano en el sur de Lima. Verano en El Silencio (km 38), familias pasándola bien en la arena blanca y en sus aguas calmas; Punta Hermosa (km 42), buenas olas y muchos jóvenes; en Santa María del Mar (km 50), exclusiva y elegante; en San Bartolo (km 51), un balneario tradicional y tranquilo; y en Pucusana (km 57), una animada bahía con pescadores artesanales y excelentes restaurantes.
Todas son accesibles por la Panamericana Sur y no es necesario tener una movilidad para visitarlas. Hay transporte público que facilita el acceso y, por su cercanía, es posible ir y volver el mismo día. Las playas mencionadas no son las únicas. Hay muchas más en el sur metropolitano y otras tantas en la provincia de Cañete, donde se encuentra Asia, la máxima expresión del verano capitalino.
Recuerdos: a finales del siglo XX el desierto costero empezaría a transformarse a la altura del km 100 de la carretera. Donde antes solo existía arena y desolación se construían condominios con lujosas casas que miraban a un mar antes ignorado. Fue entonces que el nombre de Asia, un modesto distrito cañetano de pescadores y agricultores, se convertiría en sinónimo de sol, mar y diversión.

Asia, todos querían ir a Asia. Un anhelo que se hizo aún mayor al inaugurarse el Sur Plaza Boulevard, un centro comercial con lo mejor de la moda, la gastronomía, el cine y el entretenimiento nocturno en sus bares y discotecas. El océano ya no era el único atractivo. De día y de noche se podía pasarla bien sin alejarse demasiado de la metrópoli. Un destino perfecto para evadirse de las tensiones urbanas.
El mar limeño te espera. ¡Visítalo! No es el Caribe, pero tiene su propio encanto. Te darás cuenta al ver los acantilados de la Costa Verde y la grandeza de un desierto que se “refresca” en las aguas oceánicas. Ese encuentro diferencia al litoral de la única capital sudamericana con playas y balnearios al norte y al sur de su corazón urbano. Tú eliges si sigues a la brújula o la contradices.
marzo 16, 2026