Lima: travesía en el mar y en el desierto costero

Cuando estás de vacaciones o aprovechas un fin de semana largo para salir de casa, da un poquito de flojera y tedio el tener que levantarse antes de que aparezca el sol. Total, el objetivo es descansar a pierna suelta y olvidarse del persistente sonido de esa alarma torturadora e inoportuna que siempre chilla cuando se está en lo mejor del sueño.

El plan ideal para muchos viajeros es acostarse tarde y levantarse aún más tarde, pero, en ocasiones, el itinerario apretado o las características propias de un destino, impiden que uno se libere totalmente de las premuras y las alarmas. Lo bueno de estas salidas madrugadoras es que muy rara vez decepcionan, justificando largamente el esfuerzo de despertar antes de lo deseado.

Lo descrito hasta aquí lo vivirás en Lima, si decides conocer en un solo día las islas Ballestas —con sus lobos marinos y pingüinos de Humboldt—; la reserva nacional de Paracas —donde el desierto termina en el Pacífico—; las bodegas pisqueras —en las que aprenderás el proceso de preparación de nuestra bebida de bandera—; y la laguna de la Huacachina —conocida como el oasis de América—.

Si no te convence la idea de levantarte a las 4:30 de la madrugada —la hora aproximada del inicio de los full day—, no te preocupes. Por su cercanía a la capital peruana, no es complicado llegar por cuenta propia a estos destinos (hay buses todo el día) que cuentan con la infraestructura y los servicios necesarios para cubrir tus expectativas.

Tú eliges como recorrer esta ruta. Ida y vuelta en una jornada intensa y cambiante o con pasos más calmados, pernoctando frente al mar de Paracas ante de navegar a las islas Ballestas o recuperando fuerzas en el oasis de la Huacachina, después de brindar con pisco sour o de aventurarte con una tabla de sandboarding en las dunas que rodean el oasis.

Un vistazo a Lima

Lima, la ciudad fundada el 18 de enero de 1535, la metrópoli que alberga los sueños de más de 10 millones de personas, es el punto de partida de una de las travesías más interesantes y populares de Perú turístico. Un viaje donde el desierto y sus dunas, el mar y su biodiversidad, los brindis con pisco y los retos de adrenalina en la arena, revelan que nuestro país no solo es cordillera.

Una nación diversa geográfica y culturalmente. Así es nuestra tierra. Así es, también, nuestra capital que, desde mucho antes de su fundación española, fue habitada por sociedades ancestrales. Ellos construyeron pueblos, templos piramidales para adorar a sus dioses y hasta uno de los oráculos más poderosos y respetados del mundo andino: Pachacamac.

El desarrollo cultural incluyó a los incas. Los poderosos cusqueños extendieron sus dominios hasta la costa del Pacífico. Las huellas y vestigios de ese pasado prehispánico, muchas veces opacado por la prestancia colonial del Centro Histórico, se mantienen en pie en la huaca Pucllana y el santuario de Pachacamac, entre otras zonas arqueológicas que son el legado de los pueblos antiguos.

Antes de partir o al volver de Ballestas, Paracas y Huacachina, date un tiempo para explorar el casco fundacional de la “Ciudad de los Reyes”. Sus casonas, iglesias y conventos son parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Tu experiencia capitalina debe incluir un recorrido por varios de sus museos. Sus salas atesoran valiosas colecciones precolombinas, virreinales y republicanas.

El mar de la bahía de Lima y el circuito de playas de la Costa Verde son lugares de interés que no debes ignorar. El océano siempre revitaliza, siempre encanta. Sucede lo mismo con los sabores de la comida local. Desde hace algunos años el Perú y su capital son considerados destinos gastronómicos mundiales. Una razón excluyente para agasajar el paladar antes de abandonar la ciudad.

Rumbo a las islas Ballestas

Es de madrugada y la metrópoli no despierta del todo. Las pistas están libres de congestión y solo unas cuantas sombras somnolientas caminan por las veredas desoladas. Es la otra cara de Lima. La cara serena y apacible que te despedirá cuando partas hacia Ballestas, Paracas y Huacachina, atractivos turísticos de arena y mar que se encuentran en la región Ica.

Así, entre la niebla que opaca el brillo de las farolas antes del amanecer, te alejas de la ciudad por la Panamericana Sur, la autopista asfaltada que recorrerás en tu aventura de día completo. Un ida y vuelta en el que navegarás por el Pacífico, caminarás por el desierto, degustarás los mejores piscos y te relajarás viendo el atardecer en un oasis con apariencia de espejismo.  

El malecón y el atracadero artesanal El Chaco, en el distrito de Paracas (provincia de Pisco, Ica), es la primera parada de tu travesía. Localizado a 260 km de Lima, es el lugar de zarpe hacia las islas Ballestas (solo en las mañanas). El mar, las olas, la brisa, también el misterio. De pronto, la embarcación se detiene frente a una colina montañosa de la península de Paracas, en la que resalta un geoglifo de 170 metros en forma de Candelabro.

Declarado Patrimonio Cultural de la Nación, existen varias versiones sobre su origen. Su creación se atribuye a los paracas, una civilización que ocupó este territorio en la época preincaica. También se considera que es una señal para orientar a los navegantes antiguos o un símbolo masónico trazado por órdenes del libertador José de San Martín, quien desembarcó en esta bahía en 1820.

La navegación se reanuda. A todo motor hacia la explosión de vida y la diversidad oceánica de las pequeñas islas y roquedales de Ballestas. Y ahí están los lobos marinos —nadando, descansando, jugueteando—. También los guanayes, piqueos y pelícanos —las famosas aves guaneras—, los zarcillos y los cormoranes, por mencionar solo algunas de las 216 especies de aves registradas en la zona.

Huacachina: una laguna en el desierto

De vuelta a tierra firme después de dos horas de navegación y avistamientos. Descansar unos minutos. Desayunar en el malecón. Prepararse para continuar la ruta en el desierto costero de la reserva nacional de Paracas, un área protegida de 335 000 hectáreas (65 por ciento de las cuales están en el mar) en las que se han identificado 36 especies de mamíferos y 10 de reptiles.

Tierra sedienta, vientos alborotados (llamados paracas), playas recónditas y el Pacífico extendiéndose hasta el horizonte. Aquí verás flamencos o parihuanas, conocerás la Catedral, una singular formación natural, otearás restos paleontológicos desde unos miradores y te deleitarás con el paisaje de Lagunillas, una caleta donde saborearás un buen ceviche o un exquisito arroz con mariscos.

Emocionado y complacido por las experiencias vividas en Ballestas y Paracas, enrumbarás hacia Ica, la capital de la región del mismo nombre. De vuelta a la Panamericana Sur (72 km 1 h de viaje) para visitar las bodegas en las que las uvas se convierten en vinos y en piscos. Una tradición que surgió en la época colonial y se mantiene hasta nuestros días para orgullo de los peruanos.

Salud con un puro, acholado o mosto verde, los tres tipos de piscos que se destilan en el país. Antes de continuar, me atrevo a darte un consejo: no te entusiasmes demasiado durante las degustaciones. Nuestra bebida de bandera es cosa seria. Su porcentaje de alcohol oscila entre el 38 y 48 por ciento. Evita los excesos para que disfrutes al máximo de la Huacachina (5 km del centro de Ica).

La laguna, las palmeras y las dunas crean una imagen idílica y fantástica del desierto. Y tú estarás ahí, contemplando el panorama, divirtiéndote sobre una tabla de sandboarding o viendo el atardecer antes de retornar a Lima o continuar ruta hacia Nasca, Arequipa o Cusco. La elección es tuya, pero ten en cuenta que, vayas donde vayas, la pasarás muy bien

septiembre 19, 2025