Callao: el puerto de Lima que no está en Lima

Foto: Inventario Turístico Mincetur
En Lima, la capital peruana, hay mar, playas y muelles, pero no un puerto propiamente dicho. Tampoco un terminal aéreo para llegadas nacionales e internacionales. Sí, ya sé que puede sonarte extraño que una ciudad de más de diez millones de habitantes que mira al Pacífico y es la principal puerta de entrada a un país, no cuente con tan importantes infraestructuras en su geografía urbana.
No te engaño ni te miento. “Te juro por la Sarita” —una “santa” entronizada por el pueblo, mas no por la Iglesia— que no existe ni lo uno ni lo otro en la ciudad fundada por el español Francisco Pizarro, el 18 de enero de 1535. Y antes de que pienses que estoy en un error —estoy seguro de que has leído y escuchado lo contrario— te explicaré que existe una confusión generalizada sobre este tema.
La razón: el puerto y el aeropuerto internacional que sirven a Lima no están en ninguno de los 43 distritos de la metrópoli. Ambos se encuentran en el Callao, una ciudad vecina con la que existe continuidad urbana. A pesar de su cercanía, la “Provincia Constitucional” —título honorífico que recibió en 1851 por defender la Carta Magna durante una Guerra Civil—, tiene su propia esencia e identidad.

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También sus propias devociones. El Señor del Mar es el patrón jurado y protector de la provincia (en Lima ese título lo ostenta el Señor de los Milagros). Tallada en madera, la imagen fue encontrada incólume en una caja después del terremoto y el tsunami que destruyó el puerto en 1746. Ese fue el origen del culto al Señor de la Caña y Justo Juez, como fue llamado inicialmente.
Es curioso, pero la fe hacia ambos patrones tiene su origen en los movimientos sísmicos. Cuenta la historia que, en la Lima Colonial, un angoleño esclavizado pintó la imagen de Cristo en una pared de Pachacamilla. Esta se mantuvo milagrosamente en pie durante el terremoto de 1655. Desde entonces, el Señor de los Milagros es venerado. Sus procesiones son en octubre, al igual que las del Señor del Mar.
La Sarita, la santa del pueblo

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Sucede algo similar con Rosita y la ya mencionada Sarita. Santa Rosa de Lima es la Patrona del Perú, América y las Filipinas. Adorada, querida y respetada desde tiempos coloniales, Isabel Flores de Oliva —ese fue su nombre terrenal— está en el corazón y en las oraciones de los capitalinos. Ellos le escriben cartas con sus pedidos y las arrojan en el pozo de los deseos de su histórico santuario.
El caso de Sara Colonia Zambrano, Sarita Colonia, es muy distinto. Nacida en 1914 en la montañosa ciudad de Huaraz (capital de la región Áncash), a los 16 años llegaría al Callao en compañía de su padre, para trabajar como niñera en casa de una familia pudiente. Ese fue el inicio de una esforzada vida laboral en la que fue lavandera, empleada doméstica y vendedora.
Después de un breve periodo de residencia en Lima, la “Patrona de los Pobres”, como también es conocida, moriría en el Callao a los 26 años. Su vida esforzada, su condición de migrante, su empatía con los marginados y los incontables milagros que se le atribuyen, la convirtieron en una “santa” popular, una “santa” que bendice y protege a todos los que creen en ella, incluyendo a los más avezados delincuentes.

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Y es que la Sarita no hace distingos. Por eso es tan querida y amada por los excluidos y por aquellos que son invisibles para la sociedad. Ella es así y, quizá por ser así, no es reconocida por la Iglesia ni ocupa un lugar en los altares oficiales. Eso no ha impedido que su culto —que habría surgido en la década de 1970 entre los estibadores del Callao— zarpara del puerto y se extendiera por todo el país.
Los restos de Sarita se encuentran en el cementerio Baquijano y Carrillo de la Provincia Constitucional. Todos los años, cuando el calendario marca el 1 de marzo, el camposanto es visitado por los fieles y devotos de la “Patrona de los Pobres”. Ellos conmemoran el nacimiento de la mujer humilde que, gracias a su bondad, sacrificio y ¿milagros?, se ganó un lugar en el corazón de los desamparados.
Un puerto picante

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El Callao es “picante” y no por el ajicito que condimenta un buen ceviche o los célebres choritos a la chalaca, el apetitoso abrebocas de la gastronomía marina que hace referencia al primer puerto del Perú. Tampoco con sus contundentes desayunos que incluyen panes con pejerrey, huevera y bonito escabechado, además del reconstituyente chilcano, un todopoderoso caldo de pescado.
El “picante” al que me refiero no tiene ninguna relación con la comida, pero podría generar enormes sinsabores entre los viajeros que llegan al Callao, cuya historia colonial empezaría a redactarse a la par de la de Lima. Se sabe que los primeros españoles se asentaron en las costas chalacas en 1535, el año de la fundación de la siempre cercana capital peruana.
La apertura del primer tambo en la zona (término quechua que significa lugar de alojamiento) marcaría un hito en su desarrollo urbano. El hecho ocurriría el 6 de marzo de 1537. Dieciocho años después, se construiría el barrio español y, en 1538, Francisco López sería nombrado por el virrey Andrés Hurtado de Mendoza, como alcalde del floreciente puerto de Lima, como era denominado en aquellos tiempos.

Foto: Y tú qué planes
Poco a poco, el puerto colonial —elegido por su rada amplia, sus vientos amigables y su clima sin temperaturas extremas— dejaría de ser un apéndice de la capital virreinal. Con tenacidad y esfuerzo, los chalacos cincelarían su propia historia e identidad, sentando las bases de una urbe vibrante y cosmopolita por el contacto permanente con marineros de todo el mundo, muchos de los cuales se harían «chalacos». Por esa y otras razones, el 20 de agosto de 1836 sería reconocida como provincia Litoral.
Una provincia que por su cercanía y accesibilidad (está a 15 km del Centro Histórico de la “Tres Veces Coronada Villa”) no puede quedar al margen de tus planes viajeros. Eso sí, se precavido y mantente alerta durante tu visita. No te voy a mentir, el Callao tiene varios lugares “picantes” (peligrosos), pero, en la zona monumental, las probabilidades de que vivas una mala experiencia son escasas.
Precauciones chalacas

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Mejor de día que de noche. Mejor en taxi de aplicación que en uno callejero. Mejor preguntar por donde ir que aventurarse por una vía solitaria. Sí, lo mejor es andar con cautela —pero, sin miedo— por el Centro Histórico del Callao, declarado “Patrimonio Cultural de la Nación” en 1972, por sus famosas “casonas, iglesias, espacios públicos, balcones y callejones adoquinados de la época republicana”.
Pero esos no son los único motivos. En el Inventario de Recursos Turísticos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) se añade a lo ya citado que la zona fue el “escenario de grandes hechos históricos y bélicos, entre ellos el combate de Dos de Mayo”. Si a eso le sumamos la arquitectura monumental, la proximidad del océano que siempre relaja y el carácter festivo y musical (especialmente salsero) de los porteños, tu escapada será un auténtico golazo.
Un golazo como los del Sport Boys, el club representativo de la Provincia Constitucional. Así que no te sorprendas si es que antes de ingresar a la fortaleza Real Felipe, un bastión colonial frente a los ataques de corsario y piratas; de avistar los barcos inmensos anclados en el mar o de detener tus pasos frente a la iglesia Matriz erigida en 1833, te encuentres con un muchacho que luce orgullosamente una camiseta rosada.

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No, no es un hincha del Inter Miami de Lionel Messi. Es un seguidor del “vamos Boys”, el primer campeón del fútbol profesional peruano en 1951 y precursor del uso de la indumentaria rosada en los estadios. Desde su fundación en 1927, los enfrentamientos con los equipos grandes de la capital, como el Universitario de Deportes y el Alianza Lima, sacan a flote la ya clásica y probablemente eterna rivalidad entre chalacos y limeños.
Y si bien los resultados no son los mejores, los porteños saben que, más allá de lo que pase en las canchas, el Callao mantendrá su esencia e identidad, esa que tu descubrirás al caminar en la plaza Grau, en el jirón Constitución, en la calle Independencia, en el barrio de Chucuito, en las playas pedregosas de La Punta y en otros tantos lugares de ese destino monumental que nunca, jamás, estará en Lima.

Foto: Inventario Turístico Mincetur
enero 9, 2026