Lomas de Lima: los oasis del desierto costero

Niebla tupida y aire húmedo en las colinas del desierto costero. La bruma borronea el horizonte y las sinuosidades del camino. También opaca el verdor de los árboles, de los arbustos y de las plantas, creando un escenario misterioso —digamos fantasmal— que no intimida ni asusta, que se explora sin miedo y se descubre con fascinación, mientras se escucha el susurro del viento y el trinar de las aves.

Entre la flora y la fauna que ves, escuchas y hasta sientes, se te hace difícil creer que estás en el desierto; pero lo estás, porque esas colinas que ahora remontas paso a paso, son tan solo un capricho o, si lo prefieres, un milagro de la naturaleza. Un milagro temporal. Un milagro generador de oasis efímeros en las lomas costeras, un ecosistema estacional que solo existe en Perú y Chile.

“Las lomas costeras son ecosistemas endémicos que poseen características cambiantes. En invierno presentan una variada vegetación, a causa de la niebla que llega a las lomas costeras, mientras que, en verano, la vegetación se reduce al punto de ser escasa a simple vista”, se explica en la web Clima de Cambios, una iniciativa de difusión y sensibilización ambiental de la Universidad Católica del Perú.

Desde Bayóvar (en el norte del país) hasta Tacna (límite con Chile), existen al menos 50 lomas costeras. En Lima, la capital del país, los viajeros como tú, pueden visitar varios de estos ecosistemas que, según se precisa en la web ya citada, purifican el aire urbano, estabilizan los suelos y son el refugio de varias especies de fauna silvestre amenazadas, como el venado gris y el gato del pajonal.

En la “Ciudad de los Reyes” el desierto florece entre junio y octubre en las lomas de Lachay, Lúcumo y Asia, por mencionar solo tres lugares accesibles, cercanos y acondicionados para la actividad turística. Si estás en la metrópoli en el invierno, escápate hacia la niebla y el aire húmedo de unas colinas de verdor milagroso que no asustan ni intimidan a pesar de su —digamos— aspecto fantasmal.

Lomas de Lachay

El paisaje cambia y se transforma en el invierno, cuando “la neblina marina despierta el desierto, pintándolo con las amarillas flores de Amancaes, árboles de tara y mito, y el vuelo de innumerables aves”. Eso es lo que se describe aquí y lo que ocurre en Lachay, la reserva nacional que reverdece todos los años, entonces, sus 5070 hectáreas se llenan de vida y se convierten en un paraíso explorable, un paraíso por descubrir.

No es difícil hacerlo. La reserva se encuentra a 105 km al norte de Lima. En invierno, los operadores turísticos ofrecen salidas de un día (costo: 60 soles, aproximadamente). Otra opción es tomar los buses a Huacho y bajar en el desvío hacia Lachay. En este punto encontrarás taxis (sobre todo los fines de semana) hasta la zona de ingreso a las lomas (costo: 15 soles adulto, 8 niños).

Ya en tu destino encontrarás los senderos del Zorro (corto y sencillo), de la Tara (conduce a un ojo de agua natural), de la Perdiz (el más largo y exigente) y del Mirador del Cruce (observarás la quebrada Hierbabuena). En todas ellas te acercarás a la biodiversidad de Lachay, donde se han registrado 13 especies de mamíferos, 60 de aves, 9 de reptiles y 146 especies de flora.

Si te gusta acampar, anímate a pasar una o dos noches en este ecosistema único en el mundo. Así tendrás más oportunidades de avistar al zorro costero, a la perdiz serrana, al cernícalo y al aguilucho común, entre otras especies que habitan en las afueras de Lima, la ciudad desde la que partirás hacia Lachay, un auténtico milagro —o capricho— de la naturaleza en el desierto costero.

Lomas de Lúcumo

Cambio de rumbo. Del norte hacia el sur de Lima. De la provincia de Huara a Pachacamac, uno de los 43 distritos de la capital peruana. De las lomas de Lachay, una reserva nacional administrada por el Estado, a las de Lúcumo, un espacio de vida de 150 hectáreas que empezó a ser rescatado por la ciudadanía en 1996, a través de la organización de base del Centro Poblado Rural Quebrada Verde.

Salvar las lomas, cuidarlas, protegerlas, convertirlas en un destino ecoturístico. Ese era el sueño y el objetivo que se lograría en 2003. Desde entonces, Lúcumo —a 34 km del Centro Histórico de la “Ciudad de los Reyes”— es una alternativa para los viajeros que buscan escapar de la urbe con el propósito de acercarse a la naturaleza y a la aventura en los senderos de Los Guardianes (4 km) y de los Lúcumos (6 km).

Caminar de 3 a 5 horas por una trocha sinuosa en las faldas de la loma. Escuchar las explicaciones de un orientador local que te mostrará el tabaco silvestre y te hablará de la flor de Amancaes o Amancay. Aromáticas y encendidamente amarillas, son típicas de este ecosistemas y solo florecen cuando la niebla predomina en el desierto costero. Si buscas acción, anímate a practicar rapel o ciclismo de montaña.

En estas lomas la actividad turística solo se realiza de agosto a diciembre. El costo de las entradas es de 10 soles (adultos) y 5 soles (niños). Ten en cuenta que es obligatorio ingresar con un orientador local (50 soles en la ruta de los Guardianes y 60 soles en la ruta de los Lúcumo) y que los operadores turísticos organizan salidas los fines de semana. También es posible llegar por cuenta propia.

Lomas de Asia

Si le preguntas a un limeño sobre las lomas de Asia, es muy probable que te responda: “¿lomas?, no, Asia es un balneario” y no cualquier balneario. Es uno de los más exclusivos del sur de la capital. Por esa razón, la arena y las olas son más conocidas que las pendientes, la flora y la fauna de un ecosistema que se “pinta” de amarillo cuando las playas están vacías

Y es que, en el invierno, aparecen las flores de Amancaes. Son tantas que los comuneros de Asia, uno de los distritos de Cañete (Lima Provincia) organizan un festival en honor a esta plata bulbosa que son las engreídas de las lomas (finales de junio). La celebración sirve para mostrar el trabajo y los avances en las tareas de conservación alcanzados por este pueblo campesino que no solo mira al mar.

También miran y protegen sus lomas, localizadas a 115 km al sur de Lima. Por eso han abierto senderos de diferentes niveles de dificultad (principiantes, intermedios y expertos) y una ruta de observación de aves (8 km de extensión), en la que se han registrado 50 especies. Aquí es posible avistar colibríes, lechuzas terrestres, aguiluchos y cernícalos, entre otros especies que te sorprenderán.

Con una extensión de 10 000 hectáreas y un rango altitudinal entre los 270 y 890 m, Asia te espera todo el año, aunque de junio a octubre es la mejor época. Si quieres viajar por tu cuenta, aborda un bus hasta el balneario y, desde ahí, alquila un taxi hasta las lomas (14 km). La entrada cuesta 10 soles (adultos) y 5 soles (niños). Si quieres acampar tendrás que pagar 20 soles por noche.

Ya lo sabes, las lomas de Lima te esperan para mostrarte un ecosistema único, un ecosistema que crea oasis temporales en el desierto costero. No, no son espejismos. Son tan reales que caminarás entre la vegetación borroneada por la niebla, mientras escuchas el susurro del aire húmedo y el canto arrullador de las aves.

septiembre 21, 2025