Lima: las vicuñas de Cajatambo

Si existiera un listado oficial sobre las actividades o acciones que un viajero o turistas debe realizar —o intentar realizar— en el Perú, el primer puesto sería ocupado por la visita a Machu Picchu. Y es que la ciudadela inca es uno de esos lugares que hay que recorrer al menos una vez en la vida —y si son más… ¡mucho mejor!—, como suele decirse en estos tiempos con cierto dramatismo.
En ese listado que no existe, pero que divertidamente estoy tratando de elaborar, incluiría una buena jornada de senderismo por un tramo del Qhapaq Ñan (el gran camino de los incas), el ascenso a un mirador cordillerano para observar el vuelo del cóndor y la respetuosa participación de un ritual andino con hojas de coca y su traguito para brindar con la tierra y las montañas.
Y, como a los peruanos nos encanta que los turistas prueben nuestra gastronomía, es importantísimo que pidas un cebichito bien picante, tomes uno o varios tipos de chicha (morada, de jora o de molle) y que celebres tus vacaciones con pisco, la bebida de bandera. Eso no es todo. Si te gustan los retos, desayuna o almuerza en un mercado y atrévete a comer —desde las patitas a la cabeza— un riquísimo cuy frito.

¿Qué más?… Ah, ya sé, en “estas tierras del inca que el sol ilumina porque Dios lo manda”, como dice el valsecito criollo Y se llama Perú, es prioritario y quizás hasta una obligación, hacerse un selfi con una llama o una alpaca. Y, aunque es más complicado, también con una tropilla de vicuñas, el fino camélido sudamericano de vellones blancos y canela que aparece en el escudo nacional.
Ahora te doy un dato: si quieres ver muchas vicuñas —un animal tímido y huidizo— aventúrate en las pampas altoandinas cuando se realiza el chaccu, la ceremonia ancestral en la que los camélidos silvestres son esquilados para aprovechar su fina fibra. Esta vistosa actividad en la que cientos de personas forman una cadena humana, se realiza en diferentes partes del país, incluyendo un distrito de la región Lima.
Lima de sorpresas

Sí, Lima, esa Lima que siempre será capaz de sorprenderte. Esa Lima que es mucho más que una metrópoli. Esa Lima que es, también, una vasta región con playas primorosas, valles interandinos, pampas de ichu y cordilleras con picos de nieve. En la ciudad y en sus alrededores podrás “cumplir” varias de las acciones y actividades mencionadas en este listado no oficial sobre qué hacer en Perú.
¿Lo dudas?… bueno, déjame decirte que en esta “Lima criolla, alegre y jaranea la tierra, tres veces coronadas, donde nació la marinera”, si me permites “entonar” otro valsecito, podrás realizar todas las experiencias citadas, desde las caminatas en el Qhapaq Ñan (hay varios tramos en sus provincias) hasta los sabrosos y osados retos gastronómicos, pasando por los avistamientos de la fauna andina.
Perdón, cometí un error. Debí escribir casi todas. Machu Picchu, el verdadero, está en el Cusco, el “ombligo del mundo”. Pero si no te molesta la idea, visita el “Machu Picchu limeño”, como es llamada la “Ciudad del Fuego” de Rupac. Erigida en lo alto de una montaña por los atavillos (un reino prehispánico), te impresionarán sus chullpas de piedra y el colchón de nubes que borronea este rincón de la altura.

No es la única opción. En 2019, a los esposos Luis Grados y Sandra Barojas, se les ocurrió construir una ciudadela a la usanza incaica en el distrito de Buenaventura (provincia de Canta). Gran Imperio de Guaya, fue el nombre que ellos escogieron para su monumental iniciativa. Esa es su denominación oficial, aunque popularmente se le conoce como el “Machu Picchu limeño”.
Cosas que pasan. Bueno, mejor me olvido de la maravilla inca —de la verdadera y de las alternativas— y me concentro en las vicuñas del distrito de Gorgor (provincia de Cajatambo). Gráciles, elegantes, esbeltas y auténticas —a diferencia de las piedras de Guaya— las vi muy de cerca, cerquísimas, en la fiesta anual de la esquila. ¿Quieres conocer más detalles?… Te invito a seguir leyéndome.
En busca de las vicuñas de Lima

No estaba en mis planes. Es más, cuando salí de casa ni siquiera sabía que se realizaba un chaccu de vicuñas en Gorgor, uno de los cinco distritos de la provincia de Cajatambo. Mi objetivo en aquella travesía era explorar los caminos de un sector de la cordillera de Huayhuash para acercarme al Yerupajá, la segunda montaña más alta del Perú (6635 m).
Si te fascina el trekking sabes que la vuelta al Huayhuash es una auténtica tentación para los senderistas de todo el planeta. En otro relato te contaré mis experiencias en esta impresionante cadena de nevados que se extienden entre las regiones Lima, Áncash y Huánuco. Por ahora solo te diré que —más allá del esfuerzo y el cansancio— cada instante y cada paso es una gran aventura.
Agotado, pero, satisfecho, regresé a la ciudad de Cajatambo, después de varios días de peregrinaje entre lagunas y nevados majestuosos heridos por el calentamiento global. Mi plan era recuperar fuerzas para volver a Lima (distancia: 296 km) hasta que escuché de casualidad que en las alturas de Gorgor (Distancia: 61 km. Tiempo: 2 h, aprox desde Cajatambo) se realizaría el chaccu de vicuñas.

Huelga decir que mis planes cambiaron. Iría a la fiesta de la esquila, una celebración que ya conocía, que ya la había vivido en la Reserva Nacional Pampa Galeras Bárbara D’Achille (Lucanas, Ayacucho), que quería observar en otro lugar, para comprobar que la recuperación de la vicuña, una especie que estuvo en peligro de extinción, era una milagrosa realidad en el país con la mayor población de estos camélidos.
Durante muchísimos años, la caza furtiva diezmo dramáticamente a este especie silvestre que embellece las pampas. Esas balas de muerte alimentaban el tráfico ilegal de una de las fibra más codiciadas en el mercado de la moda. Ya fuera del Perú, los vellones se transformaban en costosas y finísimas prendas. Esas eran las etapas de un negocio redondo, de un negocio perverso.
Chaccu en las alturas

Día de fiesta y celebración en julio. Día en comunidad y de esfuerzos compartidos. Día de añoranzas y de recuerdos ancestrales. El chaccu es una tradición prehispánica que se perdió cuando el fantasma de la extinción deambulaba en los Andes. En la época incaica, las Vicugna vicugna, ese el nombre científico de esta mamífero de altura, eran respetadas y protegidas. Quien las dañaba sufría un severo castigo.
Pero en aquella mañana y tarde que permanece en mi memoria no existían reprimendas ni castigos. Solo expectativa, emoción y hartos rumores en un paraje «vigilado» por una cadena de montañas arropadas con nieve. “Ya están cerca. Ahorita llegan”, comentaban los comuneros en referencia a sus hermanos que eran los eslabones de una colorida cadena humana. Así, juntos, todos juntos, conducirían a los animales hacia la zona donde serían esquilados.
“Vicuña esquilada, vicuña salvada”, sentenciaría aquella vez un funcionario del Gobierno Regional de Lima, en las pampas de Yanahuairán y Huachaj, un sector perteneciente a Cochas Paca (3400 m s. n. m.), una pequeña comunidad a 15 kilómetros del núcleo urbano de Gorgor. Fue en esas soledades donde me sentí un campesino más porque en el chaccu todas las manos suman.

Eso es parte de lo que viví en aquella inesperada jornada de julio en la sierra de Lima, un destino que no puedes ni debes ignorar. Y si bien sucedieron muchísimas cosas más bajo el cielo límpido de Gorgor, no encuentro la manera de explicarlas certeramente con mis palabras. Tendrías que estar ahí para entender y sentir que el corazón del Perú originario todavía late con fuerza.
Del pasado al presente. En el chacchu 2025 “se capturaron 364 vicuñas y se esquilaron 169, resaltando el equilibrio entre aprovechamiento sostenible y conservación”, se informó en una nota de la Dirección Regional de Agricultura de Lima. La tradición sigue vigente. La enseñanza de los antiguos jamás fue olvidada. Solo estuvo dormida entre las montañas.

noviembre 13, 2025