Lima: aventura sobre rieles en el Ferrocarril Central

Los viajes en tren tienen un aura de romance y aventura. Quizás piensas distinto, pero, cuando planifico una travesía sobre rieles, mi mente juguetea con ciertas imágenes extraídas de películas y narraciones literarias; entonces, me veo iniciando una prometedora conversación con una linda señorita, tan prometedora que espero la cómplice oscuridad de un túnel para cambiar las palabras por un beso.
Confieso que nunca me ha pasado. Será para la próxima o, tal vez, jamás me suceda. Bah, eso no importa. Igual no dejo de imaginar escenas en las que me convierto en un héroe que, a punta de pistola o a puñetazo limpio, reduce a los hampones que quieren asaltar el ferrocarril en un paraje desolado. Sí, ya sé, no es muy original. Eso se ha visto mil veces en las películas de vaqueros.
También me veo en pueblos abandonados y en zonas remotas en las que soy un pionero. Basta, no quiero aburrirte con mis fantasías viajeras. Ese no el objetivo de este texto. Lo acepto y te pido disculpas porque me “descarrilé” un poquito, como cuentan que pasaba con el caprichoso Tren Macho, el mítico ferrocarril Huancayo-Huancavelica que “sale cuando quiere y llega cuando puede”.

Así de incierto, así de complicado era ese viaje por la Sierra Central del Perú, un país que cuenta con líneas férreas que conducen a lugares de gran interés turístico. El tramo más conocido es el que une Ollantaytambo con Machu Picchu Pueblo. En sus inicios esta vía unía el Cusco, la antigua capital inca con Quillabamba, la capital de la provincia amazónica de La Convención.
En la actualidad existen diversos opciones turísticas sobre rieles que te permitirán llegar de una manera diferente a las ciudades de Cusco, Puno y Arequipa, en trayectos de una noche o de dos noches a todo lujo. Pero hay una ruta, esporádica y menos conocida, que se inicia en la costa y termina en la sierra. En su esforzado andar hacia la cordillera, el ferrocarril alcanza los 4781 m s. n. m.
El primer tren de Sudamérica

Los pitidos de las locomotoras comenzarían a escucharse en el Perú el 17 de mayo de 1851, con la inauguración del primer ferrocarril de Sudamérica. La vía de 15 km, aproximadamente, unía Lima con el puerto del Callao. Una máquina inglesa fabricada por Robert Stephenson & Co., encabezaba esos trayectos precursores que se concretaron por iniciativa del presidente Ramón Castilla y Marquesado.
El mariscal Castilla gobernó en dos periodos (1845-1851 / 1855-1862). En su mandato se abolió la esclavitud y el tributo a los indígenas. También se inició un proceso de modernización que, además de los ferrocarriles Lima-Callao y Tacna-Arica (1856), incluyó la llegada del telégrafo y del alumbrado a gas a la capital de la República. Esos avances marcarían un hito en la historia peruana.
Sospecho que te preguntarás por qué escribo del gobierno de Castilla y no sobre el tren turístico Lima-Huancayo-Lima. Paciencia. No me he “descarrilado” ni subido al vagón equivocado. Tampoco voy a arribar a una estación. Solo quería mencionar los antecedentes del Ferrocarril Central del Perú (FCP), hoy Ferrocarril Central Andino (FCA).

En tren desde Lima hasta Huancayo (3259 m s. n. m.), pero solo en fechas especiales como la Semana Santa o las Fiestas Patrias. Cuando eso ocurre, la antigua y elegante estación de Desamparados, cuyos ambientes son ahora la sede de la Casa de la Literatura Peruana, vuelve a ser ocupada por decenas de pasajeros que dirigen sus pasos hacia los vagones que están a punto de partir hacia la sierra.
¡Qué empiece la aventura! Doce horas entre valles y túneles, montañas y puentes, pueblos mineros y trepidantes zigzags. Así, poco a poco y lentamente, el tren se aleja de la costa y se acerca a la cordillera. El aire escasea. Y ves el río Rímac y cumbres de nieve. También sientes frío, pero la emoción de estar ahí, mirando la cambiante geografía y la sinuosa vía férrea trazada hace más de 150 años, enciende tu espíritu viajero.
Un sueño ferroviario

Un reto para la ingeniería ferroviaria. Una hazaña tecnológica en las quebradas de los Andes. Una idea que surgió en 1851, cuando el ingeniero polaco Ernesto Malinowski propuso extender la vía Lima-Callao hasta Jauja, una primorosa ciudad del valle del Mantaro (región Junín). Fundada por Francisco Pizarro el 25 de abril de 1534, tuvo el honor de ser la primera capital del Perú.
“De las cuatro rutas posibles se eligió la de la quebrada del río Rímac. El trazo del recorrido inicial fue elaborado por el ingeniero Malinowski y su ejecución se encargó al estadounidense Henry Meiggs, quien debía concluir la obra en un lapso de 6 años”, se reseña en la web de la empresa Ferroviarias Central Andina (FCA), concesionaria del “ferrocarril más alto de América y el segundo en el mundo”.
Alto, pare, cruce, tren. Una pausa para ordenar la cronología y evitar confusiones. Si bien la idea surgió en 1851, el ferrocarril empezó a construirse el 20 de enero de 1870, bajo la dirección de Enrique Meiggs, un hábil y astuto empresario estadounidense que, entre los hombres de negocio de aquel entonces, era considerado como “el más generoso del Perú”.

“Los políticos beneficiados por sus sobornos pensaban lo mismo”, sentencia Ricardo Hinojosa en su artículo Rieles en los Andes: cuando la altura es la entraña de la tierra. Como si su “generosidad” y su experiencia en construcción de trenes no bastara, la propuesta de Meiggs fue la más económica. Listo. Contrato firmado. El estadounidense tendría que “colocar rieles donde caminen las llamas”
Esa fue su promesa, según el texto de Hinojosa. Una promesa difícil de cumplir por lo escarpado del terreno y las epidemias de verruga peruana y fiebre de La Oroya. Estas terribles enfermedades afectaron seria y dramáticamente a los trabajadores. Ambos males, documentado desde la época prehispánica, ocasionarían la muerte de cerca de 7000 personas, como se menciona en la web de la FCA.
En ruta a la “Ciudad Incontrastable”

El tren cobra vida y se aleja del Centro Histórico de Lima. La locomotora avanza sin prisa, como si quisiera que los pasajeros que están en el vagón de observación, contemplarán el paisaje y admiren la proeza técnica lograda por los más de 10 000 hombres, entre peruanos, chilenos y chinos procedentes de Macao, que “sembraron” rieles y durmientes en los 535 km del Ferrocarril Central.
Una obra titánica hecha con tenacidad y sin las maquinarias modernas que hoy conocemos. No fue una tarea fácil por la geografía, la economía, la política y hasta la guerra. En 1878, el proyecto se detuvo por el enfrentamiento bélico con Chile. La derrota, la crisis, la reconstrucción de un país herido postergó el reinicio de las obras hasta 1890. Tres años después los rieles llegarían a La Oroya.
La metrópoli queda atrás. Aparece el río, las quebradas y las montañas. El cielo se despeja y el aire es más puro. El tren avanza hacia Huancayo, como lo hizo el 22 de setiembre de 1908. El primer viaje. Estación de Desamparados. 150 pasajeros abordan los vagones que serán tirados por una poderosa locomotora Rogers. Es un momento histórico. Es el final de una historia que comenzó a escribirse en 1851.

Dos días después, el 24 de setiembre, la locomotora “llegó humeante y haciendo sonar sus sirenas a la ciudad de Huancayo…, siendo recibida apoteósicamente”, como se precisa en el documento Enrique Meiggs 1811-1877, elaborado por el Congreso de la República. No te preocupes. Tú travesía será más corta. Ah, eso sí, estoy seguro de que arribarás tan emocionado como aquellos pioneros del siglo XX.
Como no estarlo si en la búsqueda de la “Ciudad Incontrastable” —así es llamada Huancayo, capital de Junín— el tren cruza 69 túneles —el más largo es el Balta con 1378 metros—; 58 puentes —resalta el Infiernillo que “vuela” para unir dos montañas—; y remonta 6 trepidantes zigzags. El itinerario incluye una parada en la estación Galera, el punto de mayor altitud de la ruta, donde verás el nevado Ticlio (4818 m).
Ya lo sabes, si eres de los que creen que los trenes tienen un aura de romance y aventura, súbete a los vagones del Ferrocarril Central del Perú. Si tu sentir es distinto, pero amas los viajes y los paisajes montañosos, únete a esta travesía especial, tan especial que solo se realizada en días y jornadas festivas.

octubre 22, 2025