Lima: Oyón un destino de lagunas y montañas

Aguas congeladas en las faldas de un nevado. Aguas humeantes en una poza termal. Aguas serenas en las lagunas que reflejan el cielo. Aguas que nutren los ríos y riegan los campos. Aguas que hermosean la geografía. Aguas que relajan y sanan en un destino con montañas, pampas y quebradas, con llamas, alpacas y vicuñas, con rutas y caminos de altura que pocos conocen y casi nadie recorre.

Hasta aquí no llegan los turistas. Ellos se quedan abajo, siempre más abajo”, me dice con desazón mi compañero de asiento en el bus que nos aleja de Lima, la capital del Perú, por la carretera Panamericana Norte. Sus palabras son como un misil y me golpean directamente. Soy un viajero que jamás ha llegado a su distrito por desconocimiento o acaso por la comodidad de quedarme abajo.

Pero esta vez será distinto. Hoy llegaré hasta la última parada del bus interprovincial que ya tomó el desvío que lo aleja de la Panamericana y de la costa del Pacífico. Ascenso carretero. El paisaje empieza a cambiar poco a poco. Los cerros se agigantan y robustecen, el camino se estrecha, se transforma, se vuelve sinuoso. Hasta el aire tiene otro aroma. Aroma de campo, aroma de vida.

Visitaré tu tierra. Será mi primera vez”, le comento a mi ocasional compañero. Él sonríe. “No será la última”, responde con absoluta seguridad. “La pasarás muy bien”, agrega con entusiasmo, tanto entusiasmo que sin que yo se lo pidiera, empieza a organizar mi itinerario, entonces, menciona un rosario de lugares que debo visitar en la “Cuna del Arpa” y la “Capital Carboargentífera del Perú”.

Así llaman a la villa de Oyón (3620 m s. n. m.), la capital de la provincia y distrito del mismo nombre en Lima Provincias. Ese es mi destino, un destino que, a pesar de espléndidos escenarios naturales y su cercanía a la “Ciudad de los Reyes” (Distancia: 250 km, aprox. Tiempo de viaje: 4 h por carretera asfaltada) suele ser ignorado por los operadores turísticos y los viajeros independientes.

Una parada en Churín

Aquí llegan familias enteras, grupos de amigos y parejas de enamorados todos los fines de semana. Y, en los feriados largos, las calles se convierten en un hormiguero. Harta gente viene a los baños”, me cuenta mi compañero de asiento cuando el ómnibus se detiene en Churín (distrito de Pachangara, provincia de Oyón), un paraíso de aguas termomedicinales a 2258 m s. n. m.

La parada se alarga. Es sábado y la mayoría de los pasajeros descienden aquí. Somos pocos los que continuaremos hasta Oyón (una hora más en carretera). Es lo que suele pasar. Lo sé y lo comprendo. He sido uno de los turistas que busca la distensión en las piscinas y pozas de los complejos termales de la Mamahuarmi, La Juventud, las Pozas Gemelas y La Meseta, entre otros.

Las aguas emergen del subsuelo. Estas se filtran a través de fracturas en las rocas, siendo el acuífero Chimú la principal fuente de origen de las “fuentes termales y minerales (que) tienen fama histórica de ser un lugar energético y balneológico. El efecto positivo de las aguas minerales locales en el organismo humano es indiscutible y se viene utilizando desde épocas ancestrales”.

Eso no me lo dijo mi compañero de asiento. Eso lo averigüé en un documento del repositorio virtual del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet). No es lo único que descubrí en la Internet. En la red de redes me enteré de que las aguas sulfatadas y bicarbonatadas (alcanzan hasta 70 ºC) son muy recomendables para los visitantes que padecen enfermedades reumáticas, respiratorias y nerviosas.

“Lo siento, amigo, no te voy a engañar. Churín es un lugar ideal para desconectarse y pasarla bien. Y no solo por sus baños sino también por sus paisajes”, comento cuando el motor vuelve a rugir. Mi compañero no se molesta. Sabe que digo la verdad, pero él está convencidísimo de que su tierra es más atractiva. “En Oyón también hay aguas termales. Así que prepárate para un buen chapuzón”.

Oyón: los primeros pasos

Pendientes y curvas en el tramo final de un recorrido que se inicia en diferentes paraderos del centro y el norte de Lima. Los buses a Oyón salen todos los días en diferentes horarios. El costo del pasaje es de 30 soles (8 dólares aprox.). Si quieres más información visita la página de la empresa de transportes Internacional Cruzero Express, donde podrás comprar tus pasajes en línea

Ten en cuenta que las agencias y los operadores turísticos no ofrecen salidas constantes a la “Cuna del Arpa” por lo que esta travesía tendrás que organizarla por cuenta propia. En Oyón encontrarás más de una opción para pasar la noche. Eso sí, no hay hoteles de lujo ni de muchas estrellas. Sucede lo mismo con los restaurantes. Estos son sencillos, pero cumplidores.  

El mayor inconveniente —no te preocupes porque hay solución— es organizar las salidas a los atractivos. Te recomiendo visitar la oficina de Información Turística de la Municipalidad (se encuentra en la plaza de Armas) para que te expliquen las rutas que podrías seguir y, de ser el caso, te conecten con un taxista de confianza para que te traslade a las zonas de mayor interés.  

El viaje termina. Es momento de despedirme. “Hermano, vas a querer volver. Cuando eso ocurra te acordarás de mí”, repite su predicción mi compañero de asiento, mientras me da la mano y las indicaciones para llegar al centro de Oyón que no está muy lejos del terminal de buses. Camino despacio. Respiro profundo. Soy precavido. No quiero tentar al mal de altura o soroche.

La experiencia enseña. En la sierra hay que andar sin prisas hasta que el cuerpo se adapte a la altura. Tampoco hay que comer demasiado y se deben evitar los platillos grasosos. Se cauto en tu primer almuerzo y en tu primera cena. Recuerda que la digestión es más lenta. Basta de consejos. Ya estoy en el centro, en la plaza, en el atrio de la iglesia. La aventura empieza.

En las rutas de Oyón

Aprovechar el tiempo. Seguir los consejos de mi compañero de ruta. Ir a la plaza y al mirador. Visión panorámica. El horizonte sin amenazas de lluvias, una corte de montañas, la breve geografía urbana. Salir, explorar, enrumbar hacia las aguas azules y verdosas de la laguna Patón (4085 m s. n. m.). Inmensidad, grandeza, reflexión. Una pausa para rendirle tributo a la Mamapacha y a los Apus.

Recorrido intenso. Vuelvo al vehículo que abordé en el centro. De Oyón —llamado así por el soldado español Álvaro de Oyón que arribó a estas tierras en 1533— a Patón, de Patón a Añil Cocha. Otra laguna. Otras aguas azules en la vía que conduce al campamento minero Plomo Pampa y a la cordillera Nazareno, la barrera natural que marca el límite de las regiones Lima Provincias y Pasco.

Más salidas, otros lugares. Vicuñas silvestres y bosques de queuñas en Cochaquillo, una laguna a 4420 m s. n. m. Pasos montañeros y aguas congeladas en el nevado Jimena (5200 m s. n. m.), uno de los picos de la cordillera de Raura. ¿Eso es todo? Recuerdo una vez más a mi compañero de asiento. Él me habló de los caminos incas, de las minas de carbón abandonadas y de la impactante laguna de Surasaca (4397 m s. n. m.).

No mentía. Surasaca, a 6 kilómetros de la comunidad de Quiches (norte de Oyón) es un espléndido espejo de agua. Aquí no importa el frío ni la altura. La belleza paisajística, coronada por los picos de la cordillera de Huayhuash, es capaz de calentar el alma y el corazón. Desde este lugar es posible caminar hasta la laguna Viconga (8 km de ida y vuelta). ¡Te animas a poner a prueba tu estado físico!

Otro reto caminero es el ascenso a Quillahuaca, una zona arqueológica prehispánica. Después del esfuerzo no es mala idea escuchar a los arpistas oyonenses, tan famosos que el distrito es considerado la “Cuna del Arpa”. Antes de retornar a Lima, zambúllete en las pozas o en las piscinas de los baños termales de Víroc. “Si lo haces ya no bajarás en Churín”. Ay, ya parezco mi compañero de asiento.

octubre 27, 2025