Rupac: la «Ciudad del Fuego» de Lima

Calles vacías, puertas con candado, ventanas clausuradas en un pueblo abandonado, en un pueblo fantasma, en un pueblo envuelto por la niebla que el viento arrastra desde las montañas. ¿Qué pasó? ¿Dónde se fue la gente? No hay respuestas. Solo desolación y silencio que se quiebra por el canto esporádico de las aves y el sonido de mis pasos viajeros, de mis pasos de explorador.

Camino y observo: las casas de adobe de dos pisos con sus puertas y ventanas de madera, las calles sin asfalto invadidas por la vegetación y el templo abandonado —sin plegarias ni milagros, sin devotos ni pecadores—. Ahora escucho otros pasos. Me detengo. Alguien se acerca en San Salvador de Pampas, la comunidad espectral que se extiende en una ladera montañosa.

Lo veo. Nos vemos. Nos presentamos. Él es un arriero y hala con paciencia a su burrito todoterreno. Yo soy un foráneo en busca del sendero que conduce a la zona arqueológica y al colchón de nubes de Rupac, la “Ciudad del Fuego”. Ese es mi destino. Esa es la razón por la que partí hacia el distrito de Atavillos Bajo en la provincia de Huaral, la “Capital de la Agricultura” y la “Despensa de Lima”.

Una vía pedestre que se inicia en Pampas (3078 m s. n. m.) asciende hasta el “Machu Picchu Limeño”. Así los llaman algunos de manera ostentosa y equivocada. No les creas. Es una comparación innecesaria. Rupac es distinto. Rupac tiene su propio encanto. Te decepcionarás si lo visitas con la expectativa de encontrar una copia o réplica de la maravillosa llaqta incaica.

Tu experiencia será totalmente distinta si vas con la mente abierta y con la disposición de disfrutar de las peculiaridades de la ruta. Y es que dónde más encontrarás un pueblo fantasma en el que no sentirás temor ni verás almas en pena. Aquí te inquietarán las ganas de enterarte de ¿qué pasó y adónde se fue la gente?… ¿Quieres saberlo ahora o prefieres que te lo cuente un guía o un arriero?

Rumbo a Huaral y Rupac

Revelar o guardar la razón del abandono… Ese es el dilema y, mientras lo resuelvo, aprovecharé para explicarte que el primer paso para llegar a Rupac, es viajar desde Lima a Huaral. La distancia entre ambas ciudades es de 80 km y el trayecto por la Panamericana Norte dura aproximadamente 2 h. Todos los días hay buses y colectivos que cubren la ruta. El costo del pasaje oscila entre los 10 y 30 soles. 

Huaral, en la región Lima Provincias, es un valle eminentemente agrícola, siendo las naranjas y mandarinas sin pepa uno de sus principales productos. En los últimos año se ha posicionado como un destino gastronómico. El chancho al palo es su plato bandera, pero en sus restaurantes campestres se sirven otras delicias locales como el ceviche de pato, el pato al ají y el chicharrón de cuy.

Perdón por desviarme hacia los caminos del sabor y abrirte el apetito. Ahora vuelvo a la ruta para comentarte que los buses salen del terminal Acho (jirón Cajamarca 501, Rímac) y la Estación Previ (avenida Alfredo Mendiola 4120, Los Olivos). Cerca de estos paraderos encontrarás los autos y las vanes que te llevarán a la primera escala en tu travesía a la “Ciudad del Fuego”.

Ya en Huaral aborda los colectivos hacia La Florida (aquí deberás pagar 10 soles para acceder a la zona arqueológica) y Pampas (a 81 km de Huaral). Las unidades salen cerca del grifo Pinasco y del terminal de la empresa Zeta Bus. Lo más recomendable es partir al amanecer. Por seguridad coordina con el conductor para que te recoja. (Tiempo de viaje: 2 h 30 min, aproximadamente. Costo: 25 a 30 soles).

Otra posibilidad es contratar los servicios de una agencia de viajes. Los full day de Lima a Rupac se realizan generalmente los sábados y domingos o los fines de semana largo. De diciembre a mayo hay más visitas porque el colchón de nubes que cubre las montañas es más denso, sobre todo en el amanecer y en las tardes. Muchos viajeros optan por acampar para disfrutar de este espectáculo.

Caminata en la altura

Si quisiera aumentar tu interés en este relato, escribiría que el arriero y su borrico no eran reales sino unas almas en penas condenadas a vagabundear eternamente. En sus andanzas se las ingenian para engatusar a los comuneros desprevenidos y llevarlos por los senderos de la perdición. Aterrorizados, ante esa situación, los pampeños decidieron abandonar sus casas y buscar refugio en La Florida. Allá nadie los molestaría.

La migración —ocurrida en 1952— es la única verdad del mito y la leyenda que acabo de inventar. Todo lo demás es mentira. Los comuneros no se fueron por miedo —¿les cuento o no les cuento?— y el arriero y el burrito son reales; tan reales que ambos me acompañaron en el ascenso de 7,8 km a Rupac (3500 m s. n. m.), aunque el jumento se la llevó fácil. Total, trekkero que se respeta carga su mochila.

Basta de crear leyendas y mitos. Es tiempo de caminar. Arriba, siempre arriba por un sendero que serpentea en la montaña y coquetea con el vacío. Cada paso es un desafío. Las piernas se endurecen y el corazón se acelera. Te cansas, persistes, te reanimas viendo el paisaje: las montañas que se extienden hasta el horizonte y la breve urbanidad del pueblo fantasma.

La niebla es cada vez más espesa. El aire húmedo se filtra por los resquicios de mi ropa. “En la madrugada no se ve nadita por el colchón de nubes”, me explica el arriero. Lo escucho sin detenerme. No puedo parar. Hace dos horas que salí de Pampas y mi destino no debería estar muy lejos. Sí, estoy cerca, me arengo, cuando entre las brumas vislumbro unas construcciones de piedra.

Agiganto mis pasos. Estoy ansioso. Quiero descubrir “la joya arquitectónica del reino de los Atavillos (1100-1400 d. C.)… (que) se encuentra dentro de una gran muralla que la circunda. (En su interior) existen 51 ambientes diferentes, 25 de ellos se encuentran intactos”, como se lee en Inventario de Recursos Turísticos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur).

Al fin en la “Ciudad del Fuego”

Paciencia. Falsa alarma. No es la “Ciudad del Fuego”, es Marca Kullpi, un grupo de edificaciones que anteceden a mi destino final. También las construyeron los atavillos. Procedentes del Altiplano, los hombres y mujeres de pueblo prehispánico se asentaron en la sierra de Huaral durante el predomino wari-tiawanacu. Tras el ocaso de este imperio, se formaron varios reinos que, tiempo después, serían controlados por los incas.

Reiniciar la marcha. El último tramo para arribar a Rupac con sus kullpis (viviendas) de barro y piedra labrada de 10 m de altura que tienen hasta tres niveles; sus chullpas (monumentos funerarios), sus almacenes, sus chimeneas, sus ductos de ventilación y su muralla protectora. Varios investigadores concluyen que esta zona arqueológica cumplió un rol militar por su ubicación estratégica.

Al llegar me olvido del cansancio y me pierdo entre los muros de piedra. Fue una gran idea visitar este destino y comprobar que un lugar no tiene que ser como Machu Picchu para ser espectacular. De pronto, aparece un grupo de comuneros que hacía limpieza en los alrededores. Me acerco, nos saludamos, conversamos. Ellos son generosos y comparten su almuerzo conmigo.

Buen provecho. Buena conversación. Juntos iniciamos el retorno al pueblo que sus padres y abuelos abandonaron en busca de un lugar más cálido y productivo. No se fueron muy lejos. Muchos se quedaron en La Florida que “está abajito nomás”. Muchos retornan a Pampas el 6 de agosto para celebrar al patrón San Salvador. Entonces, se abren los candados de las puertas y se escuchan oraciones en la iglesia.

Se acabó el dilema. Ya sabes porque Pampas es una comunidad fantasma. Te lo conté al final para que me acompañaras en mi peregrinaje en las montañas huaralinas. Pero aún queda un misterio. He escrito que Rupac es la “Ciudad del Fuego”, pero no conoces la razón. Te daré una pista, cuando estés en la zona arqueológica trata de quedarte hasta el atardecer. En el horizonte encontrarás la respuesta.

septiembre 30, 2025