Lima: vive la aventura en el valle de Lunahuaná

Si alguien te dice que Lima es un destino aburrido, donde lo único interesante es recorrer su Centro Histórico… No le creas. Tampoco le prestes atención a quienes afirman que en la capital peruana no hay espacios para la acción y los desafíos aventureros. Falso. Es todo lo contrario. Aquí hay muchas formas para divertirse, tanto en la metrópoli como en las provincias de la región.
No los escuches ni les creas a quienes se atreven a escribir o decir semejante barbaridad. Como va a ser aburrida una urbe cuyo casco antiguo es Patrimonio Cultural de la Humanidad y sus museos atesoran más de 4000 años de historia. Como va a ser aburrido explorar los sabores de una de mejores gastronomías del planeta o caminar por zonas arqueológicas con templos y pirámides de adobe.
Ellos están equivocados y pretendo demostrártelo en este texto. Ese es mi objetivo. Al final, tu decidirás quien tiene la razón: los que creen que en la “tres veces coronada villa” no fluye la adrenalina o los que sabemos que los viajeros pueden volar, pedalear, surfear, escalar y hacer senderismo sin salir del área metropolitana o escapándose en un ida y vuelta a localidades cercanas.

Si te animas puedes despegar en parapente desde Miraflores y correr olas en la Costa Verde, el circuito de playas de la bahía limeña. Si te encanta el downhill, en el morro Solar hay rutas trepidantes. Si escalar es lo tuyo, prueba tu habilidad en las paredes de las Viñas y las Cuevas en La Molina. En ese mismo distrito te esperan varias rutas de trekking en el parque ecológico.
En futuros relatos compartiré más información de los lugares que acabo de mencionar, Ahora nos vamos a un valle cercano, caluroso y apacible que no está a miles de metros sobre el nivel del mar. Aquí el mal agudo de montaña (soroche) no es una amenaza. Aquí no te faltará el aire. Aquí disfrutarás plenamente desde el primer momento.
Lunahuaná, un valle de acción

Imagina un río alborotado y retador, caminitos cimbreantes y polvorientos, bodegas artesanales que producen excelentes piscos y restaurantes en los que se sirven camarones enormes y sabrosos. Imagina un lugar que es un refugio para el relajo y la distensión y, al mismo tiempo, un destino de acción en los rápidos de un rio que nace en las alturas cordilleranas de la región Lima.
Ese lugar que te pido imaginar tiene un nombre: Lunahuaná, un pueblo, un valle, un distrito de la provincia de Cañete, a 191 kilómetros al sur de Lima. Distancia adecuada para un ir y venir desde la capital. Si no tienes al tiempo en tu contra quédate dos o tres días para que tu “menú” aventurero sea tan variado, como los vinos y piscos que podrás catar durante tu estadía.
Y antes de que pienses de que estoy haciendo “trampa” al mencionar a Lunahuaná entre los atractivos capitalinos, te explicaré que Cañete es una de las provincias de Lima. Por esa razón es parte del destino Lima. Este incluye a la urbe fundada por Francisco Pizarro en 1535 y a las 9 provincias de una región cuyo territorio abarca desde las orillas del mar hasta las cumbres cordilleranas.

Hay tanto por ver en la ciudad y la región que dan ganas de cambiar de ruta. No lo haremos. Ya estamos en Lunahuaná después de un viaje de 3 h, aproximadamente. Este se inicia en la Panamericana Sur y continúa por la carretera Cañete-Yauyos. Es una buena alternativa alquilar un auto o tomar los servicios de un operador local. Una opción más económica es viajar en transporte público.
Si ese es tu plan, dirígete a Cañete (empresas Perú Bus, tiempo de viaje: 2 h, costo aproximado: 20 soles). Al llegar, continúa tu travesía en las combis que van a Imperial (1.50 soles) y, luego, el colectivo a Lunahuaná (7 soles, aproximadamente). Ya en el valle te sorprenderá su variada oferta turística. ¡Verás que la pasarás muy bien!
Adrenalina e historia

Los cerros pelados, el río impetuoso, los campos de uva, paltas y cítricos (entre otros cultivos). La quietud y el silencio. El aire puro. Lunahuaná, con su clima querendón (templado y con lluvias escasas), con sus noches de campamento, con sus jornadas de rafting y kayak en el cauce del Cañete, con sus canopys y tirolesas que te harán “volar” y sus palestras que ponen a prueba tus dotes de escalador.
Desborde de adrenalina en la “Capital Turística y Cultural” de la provincia de Cañete. No importa si no sabes remar o si nunca has pedaleado por un senderito rural. Atrévete a aprender en este valle bendito, en compañía de guías locales especializados que conocen sus rápidos y sus caminos mejor que las palmas de sus manos. Con ellos tu diversión y seguridad está garantizada.
Ocurre lo mismo con las demás actividades deportivas y turísticas que se realizan en el “pueblo (runac) escarmentado o castigado (huanac)”. Ese es el significado de Lunahuaná en español. Tranquilo, el nombre no tiene relación con el trato que reciben los viajeros. Todo lo contrario. Los visitantes son recibidos con cariño y, cuando visitan las bodegas, son agasajados con los mejores piscos y vinos.

El origen de ese denominación de raíces quechuas se remonta a la época prehispánica. En el siglo XV, los incas buscaban extender sus dominios al valle del río Cañete. Sus afanes expansionistas fueron repelidos fieramente por los guarcos (o huarcos), quienes dominaban la zona. Su coraje y férrea resistencia enfureció a los “hijos del sol” que se asentaron en el actual Lunahuaná para escarmentarlos.
Como evidencia de ese feroz enfrentamiento se yergue Incahuasi, “una de las más altas expresiones de la arquitectura imperial dejado por el Inca Túpac Yupanqui durante su conquista a la costa”, se explica en el inventario del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur). Localizado en el anexo de Paullo, esta zona arqueológica fue el cuartel de los cusqueños y la residencia temporal del inca.
Salud y buen provecho

Suele decirse que camarón que se duerme se lo lleva la corriente. Al sur de Lima, estos crustáceos son bien dormilones, no solo porque se dejan llevar por las aguas del río Cañete sino, también, por los cocineros que en sus ollas y sartenes los convierten en auténticos manjares, “despertando” el apetito de los turistas que gozan de las bondades gastronómicas de este valle.
Camarones, muchos camarones que se preparan y sirven en infinidad de formas, desde chupes (sopas) hasta tortillas, pasando por chicharrones, arroz chaufa y tacu tacu, entre otras delicias que son el complemento perfecto para una excursión cargada de emociones en aire, agua y tierra o un plácido día de descanso en un hotel confortable con piscina y otros servicios que te relajarán.
Y es que Lunahuaná es para todos. Si bien la aventura es su mayor atractivo, su propuesta turística es variada y versátil. Familias, parejas, grupos de amigos y exploradores solitarios, se acercan a la naturaleza para sentirla, escucharla y, también, desafiarla con precaución y respeto. Un cúmulo de experiencias esenciales que nos reconectan con nuestro entorno.
Proteger el medioambiente, mantener la pureza del río, engreír a la madre tierra para que siga produciendo. Ese es el mensaje y la visión que debe guiar nuestros pasos. Se que tú la compartes y por eso te invito a viajar a esta valle que te demostrará que Lima —la ciudad, sus distritos metropolitanos y sus provincias— no es un destino aburrido.
Te lo dije al principio. Lo repito ahora: en mi tierra vivirás grandes aventuras. Hoy te presenté a Lunahuaná. Es solo el principio. Las costas y cordilleras limeñas te esperan. Mientras te preparas a venir, te invito a brindar —esta vez de manera virtual— con un pisco de uvina, la singular variedad de uva que crece en este destino que es cerro, río y campos fértiles.

febrero 22, 2025