De Lima al Callao: travesía en el mar chalaco

No hay que enrumbar por una carretera ni recorrer cientos de kilómetros para llegar a este destino. Es más, si estás distraído y no ves los carteles que te dan la bienvenida, creerás que sigues en Lima. Y es que la geografía y el paisaje urbano es el mismo. Nada cambia en apariencia, aunque nunca hay que dejarse llevar por ellas porque todos sabemos que las apariencias engañan.

En este caso engañan tanto que muchos creen que el Callao es uno de los distritos de Lima Metropolitana. No lo es, nunca lo ha sido y jamás lo será. De eso están convencidos los chalacos, como son llamados los nacidos en el principal puerto del Perú. Ellos se sienten orgullosos de ser una región, una ciudad, una provincia que no depende de la capital ni en lo político ni en lo administrativo.

Nunca lo han hecho. Ni en la época colonial ni en los inicios de la república. En aquellos tiempos no existía continuidad urbana entre la capital y el puerto. Ambas ciudades estaban separadas, razón por la que en 1836 el Callao fue declarada provincia litoral autónoma. Años después, recibiría el estatus especial de provincia constitucional, siendo la única en el país en ostentar esa condición.

La razón: los chalacos defendieron el orden constitucional en un periodo de incertidumbre política que sacudió al Perú entre 1856 y 1858. En mérito a su accionar, el presidente Ramón Castilla le otorgó el título de provincia constitucional el 22 de abril de 1857. Pero esa no es la única página heroica escrita por los hijos del primer puerto.

El 2 de mayo de 1866 marcó para siempre el alma y el espíritu de los porteños. Aquel día, la armada española intentó recuperar su influencia en América atacando el Callao. La resistencia y el valor de los defensores de la soberanía nacional, acabó con las pretensiones de los ibéricos. Los agresores fueron derrotados en un combate que todos los años se recuerda con fervor patriótico.

¡Chim Pum Callao!

Esa es la arenga y el grito que identifica a los porteños. Su origen no es preciso. Algunos creen que tiene ver con el Combate de Dos de Mayo. El chim era el sonido de la mecha encendida de los cañones y el pum, el estallido que anunciaba el disparo hacia los barcos de la armada española. Otra versión señala que nació en los campos de fútbol para apoyar al legendario Atlético Chalaco.

Y es que el Callao tiene su propia identidad. Una identidad que se mantiene a pesar o quizás por su vecindad con Lima. De eso te darás cuenta al recorrer las calles de su Centro Histórico y al conversar con su gente bulliciosa, pícara, cordial y fiestera. Aquí se impone la música salsa, se le reza al señor del Mar, se alienta al Sport Boys y las cervecitas se acompañan con unos picantes choritos a la chalaca.

Pero no es lo único “picante”. En la provincia constitucional, como en todo puerto, hay zonas “bravas” y lugares “picantes” (peligrosos), pero no te asustes. El Callao que te sugiero conocer es arte y cultura en su casco antiguo, es historia colonial en la fortaleza del Real Felipe, es contemplación del mar en la céntrica plaza Grau y en el malecón Augusto Wiese de La Punta.

Vamos al Callao querido. La pasarás muy bien en el proyecto cultural Monumental Callao, donde las viejas edificaciones se han convertido en galerías de arte; en la fortaleza Real Felipe, erigida en el siglo XVIII con piedra caliza y calicanto para repeler a los corsarios y piratas; y en el encantador balneario de La Punta, donde disfrutarás de la portentosa gastronomía marina.

Eso no es todo. Si quieres que tu experiencia viajera sea realmente memorable, aventúrate hacia las islas Cavinzas y los islotes Palomino, un área natural protegida, un paraíso marítimo que es el hábitat de diversas especies de la fauna oceánica. Vida, mucha vida en una travesía en la que verás aves guaneras y una multitudinaria colonia de lobos marinos.

Reserva marítima

Conocer las islas Cavinzas y los islotes Palomino no es complicado. Las agencias de viaje ofrecen tours que incluyen el traslado desde Lima hacia el punto de embarque en el Callao. Si estás en un lugar céntrico de la capital, te recogerán en tu alojamiento. En caso contrario, se fijará un punto de encuentro en una zona tranquila y accesible para ti.

Otra opción es que vayas al Callao por cuenta propia. Podrás hacerlo en el transporte público, pero lo más seguro es que tomes un taxi de aplicación (Tiempo aproximado: 30 min. Costo: 35 soles) hasta la plaza Grau o el muelle del club Canottieri. En ambos lugares se inician los tours a las 9:00 y a las 14:00 h. No es necesario tener una reserva, aunque no es una mala idea separar un espacio con anticipación, en especial los fines de semana.

El recorrido dura aproximadamente cuatro horas y se realiza en yates o en lanchas. Cavinzas y Palomino se encuentran a 11 millas náuticas del puerto del Callao y “están integradas por islas e islotes de dimensiones variables que se encuentran en el ámbito del gran ecosistema marino de la corriente de Humboldt (GEMCH) caracterizado por su alta productividad primaria”.

En la ficha de Recursos Turísticos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) se menciona que el área “abarca tres tipos de ecosistemas: insular o continental, intermareal y submareal” y que la isla principal y los dos islotes pequeños de Cavinza “presentan un color blanquecino, como resultado de la mezcla de las capas de guano y la erosión de la superficie rocosa”. 

Por su riqueza biológica y su biodiversidad, este destino es parte de la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras. Esta fue creada en diciembre de 2009 para “conservar la diversidad biológica de los ecosistemas marino-costeros” de distintas regiones del país, con la finalidad de asegurar “la continuidad del ciclo biológico de las especies que en ellas habitan”.

Al encuentro de los lobos

Zarpar en una mañana soleada o nubosa. Eso no importa. Lo importante es alejarse de la costa chalaca y navegar con los ojos bien abiertos para ver la silueta urbana del sereno distrito de La Punta, para buscar y encontrar a El Camotal, una zona agrícola que desapareció en el maremoto de 1746, para divisar la islas San Lorenzo y El Frontón que durante años fue una cárcel temible.

Sentir la fragancia del mar y la frescura de la brisa. Acercarse a las islas e islotes que, según la ficha de Recursos Turísticos ya mencionada, albergan 6290 especímenes de lobos marinos chuscos (el censo fue realizado en 2023), siendo la colonia más numerosa de la costa de Lima y Callao. No solo eso. En este refugio se han registrado 50 especies de aves, entre guanayes, piqueros, zarcillos y pelícanos peruanos.

Acercarse a la naturaleza. El vuelo de las aves. El nado y las piruetas de los lobos. El vaivén del oleaje. El aire limpio con aroma a libertad y pureza. La emoción de ver a los pingüinos de Humboldt (Spheniscus humboldti), una especie que habita únicamente en las costas de Perú y Chile. Enterarse que antiguamente se extraía y comercializaba el guano y que en Palomino hay cuatro islotes.

Vivir la aventura. El yate se detiene. ¿Vamos a desembarcar? ¿Vamos a pisar tierra firme? Eso no es posible, pero no te desanimes, no te pongas triste. Lo que viene es aún mejor. “Vamos a nadar con los lobos”, anuncia el guía, mientras entrega wetsuit y salvavidas a los turistas que se animan a compartir el mar con estos mamíferos acuáticos que llegan a medir más de 3 metros y cuyo peso bordea los 400 kilos.

Emoción desbordante. Momento único. Experiencia inolvidable en el Callao, sí, el Callao, que no es ni está en Lima. Es otra ciudad, con su propia historia y su peculiar idiosincrasia.  Así que escápate a la costa chalaca, con su puerto y su aeropuerto internacional, con sus relatos de piratas y corsarios, con su irreductible fortaleza colonial y su mar que invita a zapar hacia Cavinza y Palomino… ¡Tus próximos destinos!

septiembre 19, 2025